El mercader y el vecino

Esta es una adaptación libre de un cuento sufi que escuché hace mucho tiempo y que viene muy bien para el momento que nos toca vivir

Tenía que llevar mis productos a una ciudad muy lejana de donde vivo. Llovía mucho y hacía mucho frío y me perdí en la noche. Llegué a un pueblo desconocido para mi y pedí ayuda para pasar la noche. Nadie me abrió la puerta, excepto un joven sirviente de uno de los feudales del pueblo que tenía un espacio muy reducido pero abrigado. Me acogió, me dio comida y me permitió descansar hasta que campeó el temporal. Quise pagarle por toda su ayuda, pero él se negó y solo se despidió diciendo: “esto también pasará”. Me despedí del joven con mucho agradecimiento y esperaba que mis negocios me permitan regresar algún día al pueblo.

Años después, pude regresar. Me acerqué al sitio donde vivía el joven y no lo encontré. Me dijeron que ahora era el dueño de la casa del señor feudal. ¡No lo podía creer! Fui a verlo y me recibió con el mismo afecto de la primera vez. Me contó que el señor feudal murió sin poder tener hijos y en agradecimiento a todo el trabajo que había hecho durante su vida, le heredó todos sus bienes. Esa noche conversamos mucho sobre la vida, el futuro, los negocios. Me acogió, me dio comida y me permitió descansar hasta el día siguiente. Quise regalarle una de mis mercancías más preciadas por su cálido recibimiento, pero él se negó y solo se despidió diciendo: “esto también pasará”. Me despedí de mi amigo con mucho agradecimiento y esperando volver al pueblo otra vez.

Años después, pude regresar nuevamente. Me acerqué a la casa de mi amigo y me encontré con que no había nada. Lo busqué por todo el pueblo y me dijeron que vivía en el mismo sitio de cuando era joven. ¡no lo podía creer! Fui a verlo y me recibió con el mismo afecto que siempre tuvo. Me contó que un incendio destruyó su casa y sus sembríos y mató a todo su ganado. Esa noche quise llevarlo a otro sitio, pero él prefirió acogerme, darme comida y dejarme descansar en su casa de cuando niño y joven. Quise llevarlo conmigo para trabajar en mis negocios, pero se él se negó y solo se despidió diciendo: “esto también pasará”. Me despedí una vez más de mi amigo, con mucha tristeza y esperando verlo una vez más.

Años después, volví. Me acerqué a la casa de mi amigo y otra vez, no estaba allí. Los vecinos me dijeron que lo busque en la casa más grande del pueblo. ¡no lo podía creer! Al verlo, me recibió con más afecto todavía, el que te dan los años y la conciencia de que pronto se acabará la vida. Me contó que arando su pequeña huerta encontró oro. Descubrió una veta importante y la explotó. No solo era el hombre más rico del pueblo, sino de toda la comarca. Me acogió, me dio comida y me permitió descansar hasta el día siguiente. Le invité a que me visite en mi pueblo, en agradecimiento a su siempre generosa voluntad. Me prometió que un día lo haría y se despidió diciendo: “esto también pasará”. Me despedí esperando que pueda ir a mi pueblo a visitarme. Tiempo después, al ver que no llegó a la visita prometida, fui a buscarlo directamente. Me acerque a la casa más grande del pueblo y no estaba allí. Un joven me llevó al sitio en donde descansaba mi amigo. En su tumba solo constaba su nombre y un texto que decía: “esto también pasará”…

Acerca de sucocastillo

Candidato a Doctor en Ciencia Política y de la Administración UCM - Reforma del Estado - Gestión Pública - Simplificación Administrativa
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