La Asamblea no es un mundo aparte

De entrada una aclaración, no soy cientista político, hoy por hoy son administrador público, y a la vez soy comunicador social. Los comentarios que sobre el tema voy a narrar más adelante, se limitan a mi percepción del funcionamiento de un sistema democrático, no solo a una democracia o sólo a un sistema político, sino a un sistema político democrático.

No me voy a referir tampoco a obviedades del sistema, como lo inherente de un proceso electoral, la necesidad de continuidad en la gestión pública con límites (de allí que apoye la reelección por un solo periodo) y la necesidad de alternabilidad en el ejercicio del poder. Tampoco me voy a referir a lo evidente que resulta que los candidatos participen en condiciones relativas más o menos similares, y por eso la necesidad de que sea el propio Estado quien cubra el 50% del máximo posible de gasto electoral o la importancia evidentemente sustancial que tienen los medios de comunicación en el proceso de toma de decisiones individuales.

Hoy quiero concentrarme en una particularidad no menor del sistema político democrático. La Asamblea Nacional. Aquel grupo de seres humanos que, desde causan risa, hasta provocan terror. Y en el medio, tienen en sus manos, (en sus curules) la posibilidad real de acelerar el proceso de transformación de este país, o mandarlo directamente a la mierda.

Decía que me interesaba expresar un conjunto de ideas sobre el sistema político democrático, y en este entender, me refiero a la forma en la que el gobierno se estructura para la toma de decisiones de carácter político (que atañen a la población) y cómo se articulan en los diferentes niveles del Estado. Un Estado, aquella entelequia sobre la cual fundamentamos la construcción de las naciones “modernas”, como ya sabemos de memoria, tiene poderes, o funciones según nuestra Constitución. En nuestro modelo de Estado, el ejecutivo es quien gobierna al país, dispone la forma de resolver los diferentes problemas que derivan en políticas públicas y es quien representa al Estado. Una de las formas de resolver los problemas, es creando marcos legales o reformando o eliminando los existentes. Para eso está la función legislativa. Según varios legisladores, esta es la madre de todas las funciones pues es la que, con la ley establece los límites de lo que se puede hacer en materia pública (lo cual es cierto).

Dicen los detractores de este gobierno que, de por sí el sistema es hiperpresidencialista, como para que además pueda tener el poder del congreso, a esto le llaman, la acumulación de poder. Me pregunto yo, si alguno de estos legisladores “sabios como son” ha tenido la buena idea de conocer cómo funciona un sistema parlamentario, en donde es el parlamento quien elige al presidente. Supongo que dirán que esto no es acumulación porque es el parlamento el que nombra. … “sabios como son”.

Me interesa señalar con estas ideas, algunas cosas que, por cierto, pueden parecer obvias y no lo son. Como he dicho, la ley es la que establece el alcance máximo de una política pública sin que se considere ilegal, y por tanto sujeta de la aplicación de la justicia. Entonces, el “excesivo” poder asignado al presidente con la Constitución de Montecristi tiene una piedra de tope, la ley. Los presidentes no pueden gobernar por Decreto Ejecutivo, ni pueden disponer soluciones a los grandes problemas nacionales que atenten contra o no se encuentren en, lo establecido por una ley.

La conclusión evidente a esta idea es que un Ejecutivo, por más hiperpresidencialista que sea, requiere de un soporte en la Asamblea para poder canalizar sus formas de entender y resolver los problemas nacionales. Si no se tiene mayoría en la asamblea, es muy probable que, tal como ha sucedido tantas veces en el pasado, el Presidente necesite una ley que disponga A, y la maraña parlamentaria se le ocurra disponer Z, (ni siquiera B o C, que por último están un poco cerca). Esto que digo, no es ni de lejos, dictatorial. Es un hecho. Volviendo a los sistemas parlamentarios, la realidad de que sea el parlamento quien elija al presidente, se debe a que, en efecto, ese presidente tiene una mayoría significativa en el parlamento como para ser elegido, por tanto, los marcos legales que el presidente disponga, serán aprobados por la mayoría que lo eligió.

Volteando la mirada a nuestro presente electoral, pareciera ser que Guillermo Lasso nunca ha reflexionado sobre esta realidad. De hecho, ni se lo imagina. Piensa que el ejercicio de la presidencia es más o menos parecido a la forma de gerenciar un banco. Se dispone y punto. La vida política de cualquier Estado moderno es mucho más compleja. Una de sus principales propuestas de campaña es enviar una ley al Asamblea para eliminar 9 impuestos (medida que por cierto beneficiaría a los ricos y afectaría a los pobres, en especial a los recicladores). Me pregunto yo, que pasaría si Lasso gana las elecciones presidenciales y obtiene, como pareciera ser, no más de 15 asambleístas, mas el acuerdo con Madera de Guerrero/PSC, con lo que obtendría, tal vez, 7 asambleístas más. Le faltan 47 votos. Y entonces, empezaría el pasado otra vez, la componenda, el acuerdo momentáneo. La ley saldría una vez más, orientada a beneficiar a los grupos de poder, no solo de Lasso, sino de quienes se le unan, en perjuicio de los ecuatorianos de a pie. No sólo eso, sino que tendría que cogobernar, cediendo espacios en el ejecutivo, con lo cual tendría menos capacidad de gestión.

Por el contrario, candidatos como Lucio Gutierrez o Álvaro Noboa, o movimientos como Madera de Guerrero /PSC, lo tienen absolutamente claro. Su presencia en la asamblea les garantiza espacios de poder e influencia que no podrán tener estando por su cuenta y riesgo. Me parece que todos estos partidos saben que no van a obtener una mayoría en la Asamblea, pero con su presencia más o menos representativa (en especial para conformar un Bloque) pueden tener los medios por los cuales manipular decisiones, dentro de la asamblea, como en el propio ejecutivo o en las otras funciones del Estado.

La campaña que estamos viviendo, no se concentra en ganar las elecciones presidenciales (aunque todos están absolutamente seguros de que van a pasar a segunda vuelta), sino en garantizar una mayoría significativa en la asamblea para poder profundizar los cambios que, en 6 años de gobierno, se vienen llevando a cabo. De allí la importancia de que el presidente Correa haya pedido licencia, no para asegurar su victoria (que según dicen los opositores está cuesta arriba – vaya ficción-) sino para garantizar que la mayor cantidad de asambleístas de País forman parte de la nueva legislatura.

Por eso es que mi reflexión de estos días sea, lo poco conveniente que resulta votar por personas, y lo necesario que se hace, votar por proyectos políticos. No parece recomendable sentirse representado por un candidato, cuando debería ser un conglomerado que represente, de manera más o menos significativa, tu pensamiento y lo que quieres que sea este país.

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Acerca de sucocastillo

Candidato a Doctor en Ciencia Política y de la Administración UCM - Reforma del Estado - Gestión Pública - Simplificación Administrativa
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Una respuesta a La Asamblea no es un mundo aparte

  1. javier dijo:

    Considero que los argumentos encarnados en la redaccion del artículo-opinión, pretenden transfigurar la forma en fondo. Si bien algunos elementos pueden revestir de suprema importancia para cualquier debate emocional-político o pragmático-político, la sensación que me deja al final es que existe un convencido de la revolución ciudadana que escribe como lo haría un funcionaria de la revolución ciudadana.

    Más allá de aquello, los sistemas de administración pública del estado no son solo modelos para gerenciar el espacio público sino, sobre todo, para transformarlo. Son modelos ideologicos de generacion de sinergias y trabas que pueden someter a la ciudadanía a un proceso forzado de transferencia cultural que delimitaría su ciudadanía (en el entendido amplio del término).

    Considero que la calentura no se ha quedado en tildar acciones que por su forma pueden delatar tornasoles de dictadura sino, sobre todo, en los refuerzos permanentes de parte del gobierno en su conjunto que cada vez ancla esta argucia demagógica a una posibilidad de que sea cierto y, como decía anteriormente, ese molde de gerencia, que también es ideológica, empieza a tambalear su argumento de inmaculada, intachable, de manos limpias y mentes lúcidas (obvio lo de corazones ardientes porque creo que existen convencidos, aún).

    Entonces, la mayor fijación del debate político es el fin -objetivo- de todo lo que se hace… y si con todo lo que se cumple el fin? y si ni siquiera se acerca? y si es todo lo contrario de lo que marca el discurso oficial?
    Existen estigmas en el actual gobierno que requieren de una inmediata accion ciudadana: exigir que este gobierno electoral deje la comodidad de la burocracia real y genere un proyecto político ciudadano que incluya no solo la mirada tecnocrática de senplades, ese think tank que cada vez causa menos esperanza y mas subordinación.

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