El Libre Albedrío o la mala interpretación sobre la voluntad de Dios.

Aclaro de entrada que no soy religioso ni he estudiado en detalle las profundidades religiosas más allá de la deformación que recibí en el colegio y hasta en el primer año de universidad por la famosa Doctrina Social de la Iglesia, clase obligatoria que debías recibir por estudiar en una universidad que alguna vez fue católica. Aclaro que la postura que acojo se basa en la deformación progresista post universitaria que recibí en Santiago, en Cuenca o en Madrid, los libros que he leído, las personas con las que he conversado y claro, lo que yo entiendo como sentido común.

Cuando estaba en el colegio, me vi obligado a asistir a un evento llamado Convivencia, encierro motivacional con alta carga religiosa a la que son sometidos todos los estudiantes del sexto curso del colegio jesuita en el que estudié. No me quejo de lo que allí aprendí, siempre me pareció que los jesuitas son el ala intelectual de la iglesia, baste señalar que me dieron clase de religión con videos en los cuales Dios siempre era un afro, una mujer o un discapacitado, nunca un viejo caucásico hippie. Recuerdo que uno de los temas de la convivencia fue el concepto de Libre Albedrío. Interesante concepto que utiliza la religión para explicar por qué Dios permite que te ocurran cosas malas o no preste atención a las cosas que tú le pides cuando rezas (interesantemente, allí también aprendí la diferencia entre rezar y orar).

Resulta entonces que, Dios nos dio la capacidad de decidir sobre nuestras vidas. No hay que olvidar que Dios creó seres a su imagen y semejanza, lo que quiere decir que, siendo parecidos a él, no podemos ser sus “mascotas”. Dios decidió que seamos similares a él, lo cual no se reduce a caminar en dos patas y tener un cerebro hipertrofiado, sino que podemos usar ese cerebro para decidir qué hacer ante cada circunstancia de nuestras vidas. Dejar que Dios decida por nosotros, entonces, es una afrenta mayor a su máxima decisión, porque para eso nos dio esto que se llama Libre Albedrío. Esto quiere decir que Dios no se va entrometer en lo que te tenga que pasar en tu vida (sea lo más increíble, lo más triste, lo más humillante, lo más feliz, lo que sea) y tampoco se va a entrometer en cómo tu lo enfrentes.

Y aquí, entro en materia. Una mujer nunca va a decidir por su cuenta ser violada. Y sin embargo, todas las mujeres están expuestas a este terrible suceso. Cómo enfrenten posteriormente ese trauma, está en cada mujer, Dios no va a “dar sufriendo” el inconmensurable dolor que se debe sentir. Si a eso se suma que producto de ese repudiable acto se da un embarazo, Dios no va a interceder, ni va a mandar a ninguno de sus ángeles, ni a ninguno de sus feligreses a “dar sufriendo” ese dolor. La pobre mujer víctima es quien tiene que decidir cómo enfrentar los días que le siguen a ese momento tan doloroso. Si la decisión de la mujer es dar por terminado ese embarazo que no deseó, y que no sólo eso, sino que cuyo origen no se mereció en ningún momento (una violación NUNCA es culpa ni responsabilidad de la mujer – lo aclaro por si acaso algún desubicado esté pensando eso) está en el pleno uso de lo que la iglesia llama, el Libre Albedrío.

Y sigo en materia. Los autodenominados provida, interesantemente, parecen reducir su religiosidad a su conveniencia para establecer que ninguna persona puede decidir sobre la voluntad de Dios. Se me hace imposible entender, a la luz de lo que aprendí con los jesuitas, que a Dios se le ocurra que un ser humano, cualquier, en cualquier parte del mundo, debe vivir una experiencia como la violación. Y luego, en su incompleta comprensión de lo que la iglesia llama Libre Albedrío, quieren “dar decidiendo” por las mujeres, en contra precisamente de ese Libre Albedrío.

Quizás yo entiendo mal el concepto de Libre Albedrío y tal vez quiere decir que te toca chantarte lo que te pasa y decidir según te dicen otros que debes decidir. Tal vez. Pero en esta ocasión, prefiero estar en lo cierto. La defensa de la vida desde la concepción como fin último, sin importar el medio no es defensa de la vida. Defender la vida a costa de una mujer víctima de una violación es una afrenta a ese mandamiento que dicen que Jesús dijo: “ámense los unos a los otros como yo los amé” porque esa mujer tiene en su poder, la capacidad de decidir qué hacer consigo misma, para eso es que Dios nos hizo a su imagen y semejanza y nos dio el dichoso Libre Albedrío, no para saber a qué hora voy a misa, o a cuanto pongo de limosna para curar mis pecados en cómodas cuotas semanales.

Me dirán que estoy equivocado, que el cigoto ya tiene vida propia, que es un ser humano indefenso que debe ser protegido, aún a costa de la mujer que lo tiene en su vientre. Puesto que ella debe (ojo; debe) sentirse bendecida por llevar en su vientre el milagro de la vida. Si somos fieles al entendimiento del Libre Albedrío, nadie debe nada, y peor la mujer víctima de violación, quien tiene toda la libertad de sentirse como una mierda si así quiere, y quien sí debe decidir qué hacer ante esa situación. No voy a entrar en la discusión sobre el cigoto, aunque fervientemente creo que no es un ser humano aún, dentro de las primeras semanas de embarazo.

El problema de la discusión con los provida se centra en cuál es el más importante en la situación, si el no ser humano que fue concebido (aunque no tenga conciencia de sí mismo ni cerebro) o la mujer que lo contiene. Dicen que el cigoto porque no puede defenderse. Yo digo que la mujer, como máxima creación de Dios, hecha a su imagen y semejanza, libre para decidir sobre sí misma y sobre cómo comportarse ante cada situación. Después de todo, no se puede establecer científicamente que el cigoto tenga conciencia de su existencia, pero sí podemos demostrar que la mujer existe, que puede ejerce su libre albedrío, máxima forma de demostrar que es creación de aquel que llaman Dios.

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Acerca de sucocastillo

Candidato a Doctor en Ciencia Política y de la Administración UCM - Reforma del Estado - Gestión Pública - Simplificación Administrativa
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